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¿Por qué necesitas una estrategia para no «bajar la guardia»?

¿Por Qué Necesitas Una Estrategia Para No «bajar La Guardia»?

Mantener una actitud fresca es un reto constante. Significa conservar el impulso, la curiosidad y la energía que nos llevaron a lograr nuestros objetivos, incluso después de haberlos alcanzado.

Es decir, además de las dificultades que enfrentamos para llegar a una meta, está el desafío de no dormirse en los laureles.

Esta tendencia a sentirnos satisfechos y a bajar la guardia después de un éxito es muy natural, pero puede hacernos perder la frescura en la actitud. Las rutinas del día a día, combinadas con el éxito, nos pueden mecanizar muy rápidamente.

Para entender este desafío, hay una fábula sobre un pueblo de pescadores que amaba el pescado fresco…

No les era fácil conservar la frescura del pescado

A los habitantes de aquella ciudad costeña les gustaba mucho el sabor del pescado fresco. Sin embargo, sus mares cercanos no tenían tantos peces como querían.

Así que fabricaron barcos pesqueros más grandes para navegar más lejos. Pero cuanto más se alejaban, más tiempo tardaban en regresar y el pescado perdía su frescura.

Ante esta situación, los pescadores decidieron instalar congeladores en sus barcos para preservar el pescado. Pero los consumidores percibieron la diferencia entre el pescado congelado y el fresco. No les gustaba el congelado y los pescadores se vieron obligados a venderlo a un precio más bajo.

Entonces, los pescadores decidieron instalar tanques en los barcos. Así podían pescar los peces, meterlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta regresar a la costa. Pero después de un tiempo, los peces dejaban de moverse en el tanque.

Estaban vivos, pero se cansaban. Y los consumidores también notaron la diferencia de sabor: cuando los peces dejan de moverse por días, pierden su frescura.

¿Qué hicieron los pescadores en esta situación?

¿Las personas tendremos algún comportamiento parecido al de los peces en los tanques de los barcos pesqueros?

Al alcanzar una meta o un objetivo, la mayoría de nosotros tiende a sentir que no necesita esforzarse más. Nos sentimos cómodos, nos relajamos y bajamos la guardia.

Sin embargo, para mantener el sabor fresco de los peces, los pescadores decidieron acompañar los peces que ponían en los tanques con un pequeño tiburón.

Por supuesto, el tiburón se comía algunos peces. Pero los demás regresaban a la costa muy vivos y frescos. Se habían visto obligados a nadar constantemente para sobrevivir al tiburón.

¿Por qué tendemos a relajarnos y a “bajar la guardia”?

Básicamente, por las siguientes razones:

1. La recompensa cerebral:Durante la persecución de un objetivo, nuestro cerebro libera dopamina, un neurotransmisor de placer y motivación. La subida de esta endorfina nos impulsa a seguir adelante.

Una vez que la meta se logra, el torrente de dopamina disminuye y nos sentimos cansados o con una sensación de vacío, falta de dirección y “¿ahora qué?”. Como si quedáramos sin motivos para seguir, para continuar.

2. La identidad del “perseguidor”: Durante el proceso de buscar superar los desafíos y alcanzar una meta, nuestra identidad se vincula a la lucha y al esfuerzo. Nos convertimos en “el que está trabajando para conseguirlo”.

Al alcanzar la meta, esa identidad se disuelve, y la inercia del esfuerzo se detiene. Nos sentimos satisfechos y creemos que ya no es necesario el mismo nivel de dedicación, entrando en un estado de confort que lleva a la complacencia (sentimiento de satisfacción excesiva y autosuficiencia que detiene el esfuerzo).

El tiburón simboliza los desafíos para lograr un objetivo

Las personas también prosperamos más cuando nos proponemos objetivos que involucran desafíos, retos o dificultades que nos sacan de nuestra zona de confort.

Estos desafíos activan nuestra capacidad biológica de adaptación y aprendizaje. Nos obliga a desarrollar nuevas habilidades, a ser más creativos para resolver problemas y a fortalecer nuestra resiliencia.

En esencia, los desafíos involucrados en las metas que buscamos, son un catalizador que nos impulsa a crecer, evolucionar y descubrir nuestro verdadero potencial para lograr un objetivo.

No todos los desafíos son productivos

Los desafíos que impulsan a crecer, que tienen un propósito, son la consecuencia natural y necesaria de perseguir metas ambiciosas. Otros, sin objetivos claros, simplemente te desgastan, te agotan, te paralizan y consumen tu energía sin retribución.

Por ejemplo, esta metáfora de “el tiburón” es una invitación a aprender a ver este tipo de desafío como un estímulo que te impulsa a despertar, espabilarte, tomar la iniciativa, moverte y actuar para alcanzar tus metas.

El tiburón puede ser un proyecto ambicioso en el trabajo, un emprendimiento retador, un curso exigente que te obliga a aprender nuevas habilidades, un mentor que te exige más, o incluso un competidor que te inspira a mejorar.

Así que, cuando alcances una meta, proponte otra nueva. Para evitar “dormirte en los laureles”, necesitas una estrategia proactiva que te mantenga en movimiento.

Para motivar tu mejor versión y no conformarte, plantéate nuevos objetivos ambiciosos. Es en su persecución donde encontrarás los desafíos que te harán seguir creciendo y evolucionar.

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